Poéticas entre 1940 y 1970


Blas de Otero

Gabriel Celaya

1) Poesía como comunicación vs. poesía como conocimiento

La crítica literaria, desde los años 50 del pasado siglo hasta la fecha, ha intentado trazar una frontera para clasificar a los poetas de dos generaciones: poesía como comunicación o como conocimiento.

Todo procede de una declaración de Vicente Aleixandre en 1949, cuando defiende la necesidad de que la poesía sirva para comunicar lo que deba comunicarse a cualquier persona, valga la redundancia. Entre sus jóvenes visitantes a la casa de Velintonia, el más fiel era Carlos Buisoño, quien publicó una tesis doctoral sobre la obra de Aleixandre donde defendía tal concepto. Por entonces, Aleixandre estaba preparando lo que sería su libro Historia del corazón (1954) y se había preocupado por reivindicar la obra de Miguel Hernández contra la crítica franquista.

Ahora bien, no tardó mucho en surgir un opuesto polémico: la poesía como “forma de conocimiento”, el cual pretende superar el utilitarismo y el prosaísmo de la llamada “poesía social” durante los años 50. Fue Carlos Barral, por entonces jovencísimo, el primero en proclamar que “la poesía no es comunicación” (1953). Con el paso de los años, la corriente de la poesía-conocimiento fue ganando adeptos, más allá de Barcelona (revista Laye), donde había empezado por un comprensible afán de autonomía. Se etiqueta como tal a Claudio Rodríguez, por su simbolización de la naturaleza; y, no mucho después, a José Ángel Valente, por su evolución hacia una poesía esencial y, en algún sentido, mística.

Había poetas a los que no se sabía en qué saco meter, como a José Hierro. En cualquiera de sus libros, incluidos los escritos en los años 40 y 50, se demuestra un constante afán de experimentar con las posibilidades del lenguaje: sea para comunicar emociones profundas y compartibles en sociedad, sea para conocerse a sí mismo (autoconocimiento), sea para ponerse en el lugar de los otros (alteridad), sea para crear símbolos naturales que, de una u otra manera, representan al sujeto que conoce (fenomenología), sea para experimentar mundos soñados.

De hecho, el propio inventor del concepto, Aleixandre, ha dedicado su obra a transformar la materia, la existencia o la experiencia en símbolo poético. Su estilo cambió diametralmente desde la exploración del inconsciente humano (años 30-40), pasando por una poesía versicular y empática con su generación (1950), a la poesía filosófica o metafísica (1970-80).

2) Poesía de la experiencia

Los años 60 dieron al traste con la dicotomía. Sus mismos inventores sustituyeron el término “conocimiento” por un nuevo concepto: la “poesía de la experiencia”. Con ayuda del crítico anglosajón Robert Langbaum (Poetry of Experience, 1957) y el influjo de grandes poetas (Luis Cernuda, Auden), la llamada “Escuela de Barcelona” pretendía explicar el uso del “monólogo dramático” en sus obras. Al igual que Ángel González, Valente o Pepe Hierro, los poetas catalanes (José Agustín Goytisolo, Barral, Gil de Biedma, etc.) coinciden en su gusto por contar una vida ficticia, extraída de la propia, pero elevada a sustancia lírica, con un ritmo embargante; todavía más porque podía leerse dentro de un grupo de amigos, en un registro “casi” coloquial o, al menos, universitario.

 
En realidad, lo que debería señalarse son las coincidencias y divergencias en la temática y la intencionalidad de diversos poetas a lo largo del tiempo.
Un ejemplo. En una conocida “arte poética” de José Ángel Valente, allá por 1963, se entremezclan esos tres conceptos: comunicación, conocimiento, experiencia, sin que uno acabe por tener certeza de cuál define mejor su intencionalidad creadora. Probablemente fuera esa su intención teórica 🙂
http://artespoeticas.librodenotas.com/artes/727/conocimiento-y-comunicacion-1963

Acerca de los textos originales, cfr. Juan José Lanz, Conocimiento y comunicación: Textos para una polémica poética en el medio siglo (1950-1963), UIB, 2009.

Entrevistas a poetas de la experiencia o del conocimiento

José Manuel Caballero Bonald

José Ángel Valente

José Agustín Goytisolo

Claudio Rodríguez

 

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Introducción a la poesía lírica entre 1940-1970


Poesía española tras la guerra: Generaciones conectadas

El curso pasado utilizamos el muro de Facebook para compartir una antología en línea de poetas españoles y latinoamericanos que fueron marcados por la Guerra Civil, el exilio y la represión durante la Dictadura.

El siguiente documento puede servir de punto de partida para vuestra lectura y vuestra búsqueda.

Segunda escena: un café de París


Géneros preferidos: el manifiesto, el arte poética, el artículo, el ensayo. Es oportuno mezclar imágenes y textos.

¿Por qué dedicar nuestros esfuerzos a algo tan poco serio o tan serio, según se mire? Poco serio para quien imagina el arte y la literatura como un asunto de cuarto cerrado y creación solitaria. Demasiado serio si nos situamos en la perspectiva de un joven en el siglo XXI.

Desde el siglo XX hasta la fecha, las innovaciones se han fraguado en grupo. Los llamados ismos no son únicamente modas, sino también agrupaciones de creadores que comparten el proceso, además de la obra: ideas, técnicas, posibilidades, medios materiales, encuentros y rupturas.

El hecho de situar nuestra segunda escena en París es lo de menos. La colaboración y la creatividad compartida en grupos de artistas también tuvieron lugar en Madrid o Sevilla.

Los cafés fueron el centro de reunión, tertulia, debate, fiesta y conflicto de los artistas y escritores desde el siglo anterior hasta los años 30: el café Pombo quizá sea el más relevante, presidido por Ramón Gómez de la Serna, sin olvidar las tertulias itinerantes de Cansinos Assens o Valle-Inclán, así como los fuertes vínculos que se crearon en la casa de Pablo Neruda en los años 1934-36, justo antes del comienzo de la Guerra Civil, que arrasó con todo. En la ciudad de Sevilla, el lugar de reunión, frecuentado por poetas y artistas, fue el cortijo del torero (poeta y artista) Ignacio Sánchez Mejías, hasta su muerte dos días después de una cogida en la Plaza de Manzanares.

Las vanguardias históricas se prepararon sobre la base de otros movimientos en París, a los que es posible incluir en nuestra nómina como antepasados: simbolistas e impresionistas franceses (Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Valéry), el modernismo (en español: Rubén Darío, los hermanos Machado).

Pero el nuevo siglo XX convirtió a París en la capital de la revolución artística, primero en las artes plásticas: el fauvismo, el cubismo de Picasso o Juan Gris, el expresionismo, el arte abstracto. Desde los años 20, se convirtió en foco de irradiación del surrealismo sobre las artes, la literatura y, gracias a Luis Buñuel, el cine. Los cafés de París fueron “los primeros escenarios de los escándalos surrealistas“.

A mí, personalmente, me parece que el lugar más memorable en la historia de las vanguardias, y el más significativo para entender muchos cambios culturales, desde Luces de Bohemia y Poeta en Nueva York a los años 60, John Lennon o el 15M, es el Cabaret Voltaire (Zúrich, Suiza, desde 1916), donde surgió el dadaísmo, enfrentado al arte de unos cuantos ricos, el belicismo, el maquinismo, el absurdismo, el machismo, y todas las ideologías que no tenían nada nuevo que aportar.

El posmodernismo, en lengua inglesa, también tuvo sus círculos y tertulias, como ha narrado el Ulysses de James Joyce, ambientado en Dublín, o el llamado grupo de Bloomsbury, un barrio residencial de Londres, donde vivieron y se relacionaron los escritores Virginia Woolf, E. M. Forster o Gerald Brenan, los filosofos Bertrand Russell o Wittgenstein, además de artistas y críticos literarios.

Fuentes para crear el documento compartido

La principal sigue siendo Revistas de la Edad de Plata” (autores, corrientes, grupos, revistas, textos).

http://www.edaddeplata.org/revistas_edaddeplata/

Cuenta con dos buscadores para localizar autores y textos:

navegador: una herramienta magnífica, que pone en relación autores, movimientos, revistas y textos.

http://revistasedp.edaddeplata.org/#494-persona

publicador: una vez que hemos elegido un texto, con esta herramienta es bastante fácil encontrarlo (partiendo del autor y la revista donde aparece) para copiarlo e insertarlo en nuestro documento.

Artes poéticas

El portal que aquí hacemos constar no cuenta con muchos textos de la época vanguardista, pero permite acceder al ideario de poetas anteriores: modernismo hispánico (y posteriores, lo que nos será útil en otros proyectos).

Una de las listas que ofrece está organizada por corrientes:

http://artespoeticas.librodenotas.com/corrientes/

Manifiestos vanguardistas

Hay muchas fuentes disponibles en la web, por cada una de las vanguardias artísticas y literarias.

Vanguardias europeas

Los principales manifiestos, por sus autores y su factura, son: futurista (Marinetti), dadaísta (Tristán Tzara), cubista (Apollinaire) y surrealista (André Breton, Primer Manifiesto: 1924 y Segundo: 1930, de gran importancia por su llamada al compromiso político y humano). Los cuatro pueden consultarse en Scribd.

Los siete manifiestos dadá son la fuente de otros muchos posteriores.

Vanguardias hispánicas

Manifiesto del creacionismo (Vicente Huidobro), un texto interesante por sí mismo, muy influyente en España.

Manifiesto ultraísta (Cansinos-Assens, 1919), seguido por el Manifiesto Ultra en Argentina, a cargo de Borges. Hubo más.

Manifiestos, proclamas y polémicas de las vanguardias literarias hispanoamericanas.